
Alrededor del 700 A.C. en el Medio Oriente, los guerreros Asirios efectuaron sus campañas sobre sillines decorados, algunos tenían correas parecidas a los cinchos actuales. En lo que ahora es Siberia, los escitas nómadas desarrollaron monturas funcionales y hermosas. En una tumba escita congelada del año 500 A.C. se encontraron sillas de montar intrincadamente decoradas con motivos animales, fabricadas de cuero, fieltro, cabello y oro. Como expertos jinetes, los escitas utilizaron monturas acolchadas, cinchos y posiblemente estribos de cuero. Preocupados por el confort de sus cabalgaduras, los jinetes asiáticos confeccionaron monturas de fieltro de lana de oveja. Hacia el año 200 A.C. estas sillas de montar primitivas mantenían las blandas y sensibles espaldas de las bestias protegidas del peso de los caballeros, preservando el buen estado y la utilidad de los animales. En Europa, la montura se utilizó masivamente durante la edad media. Las hazañas de los caballeros medievales no hubieran ocurrido sin una buena silla de montar.
Existen básicamente dos tipos de sillas de montar: la húngara y la morisca o árabe.

Ejemplos de monturas tipo húngara son el albardón inglés, la utilizada por los guasos chilenos, la silla McClellan y la silla de carreras, que no tienen “cabeza” o “cuerno”. Además tienen un relleno que las hace mas acolchadas y los estribos se colocan mas adelante que en las monturas tipo morisco.

Cada tipo de montura tiene diferentes cualidades de acuerdo al trabajo a caballo que se quiera realizar. Se considera que las sillas duras como la de cowboy o charro, son mejores para jornadas largas y uso continuo. Las monturas forradas tipo húngaro tienen ventajas en paseos cortos y son ampliamente utilizadas en actividades deportivas como salto, doma, polo, etc.


