Orígenes de la montura

Las primeras "sillas de montar" que aparecieron hace más de 4,000 años, no eran más que un pedazo de cuero de animal o una pieza de tela. En la Biblia se menciona que la gente de esa época utilizaba ya sillas de montar, pero en general puede considerarse que eran más bien una especie de mantillas, almohadillas o bastes. Los griegos antiguos no conocían las monturas, utilizaban algunas veces mantillas, pero la mayoría de las ocasiones montaban a pelo. Los romanos no utilizaron monturas sino hasta el final del imperio. Los nativos americanos de las grandes planicies de Norteamérica que tuvieron fama de buenos jinetes, montaban también a pelo.

Para los caballistas acostumbrados a las monturas, sus ventajas son decisivas. La incomodidad y montar a caballo son viejos compañeros, así que no es un misterio el por qué a través del tiempo los jinetes desarrollaron almohadillas y monturas con la idea de que cabalgar fuera mas placentero y menos doloroso tanto para el jinete como para el caballo. Así los primeros diseños aportaron mejoras en lo que se refiere a soporte y seguridad al servir como amortiguador durante migraciones y batallas. A medida que este nuevo concepto adquirió popularidad, los cueros y los paños se fueron haciendo mas elaborados.

Alrededor del 700 A.C. en el Medio Oriente, los guerreros Asirios efectuaron  sus campañas sobre sillines decorados, algunos tenían correas parecidas a los cinchos actuales. En lo que ahora es Siberia, los escitas nómadas desarrollaron monturas funcionales y hermosas. En una tumba escita congelada del año 500 A.C. se encontraron sillas de montar intrincadamente decoradas con motivos animales, fabricadas de cuero, fieltro, cabello y oro. Como expertos jinetes, los escitas utilizaron monturas acolchadas,  cinchos y posiblemente estribos de cuero. Preocupados por el confort de sus cabalgaduras, los jinetes asiáticos confeccionaron monturas de fieltro de lana de oveja. Hacia el año 200 A.C. estas sillas de montar primitivas mantenían las blandas y sensibles espaldas de las bestias protegidas del peso de los caballeros, preservando el buen estado y la utilidad de los animales. En Europa, la montura se utilizó masivamente durante la edad media. Las hazañas de los caballeros medievales no hubieran ocurrido sin una buena silla de montar.

Existen básicamente dos tipos de sillas de montar: la húngara y la morisca o árabe.

El tipo de montura morisca, utilizada ampliamente entre los cowboys de los Estados Unidos o los charros de México, tiene en la parte delantera una “cabeza” o “cuerno” que es esencial al utilizar el lazo o cuerda en las labores del campo. Para mantenerla en su lugar bajo la tensión de la cuerda, este tipo de montura generalmente utiliza dos fuertes cinchos sujetos cada uno por una correa.

Ejemplos de monturas tipo húngara son el albardón inglés, la utilizada por los guasos chilenos, la silla McClellan y la silla de carreras, que no tienen “cabeza” o “cuerno”. Además tienen un relleno que las hace mas acolchadas y los estribos se colocan mas adelante que en las monturas tipo morisco.


Cada tipo de montura tiene diferentes cualidades de acuerdo al  trabajo a caballo que se quiera realizar. Se considera que las sillas duras como la de cowboy o charro, son mejores para jornadas largas y uso continuo. Las monturas forradas tipo húngaro tienen ventajas en paseos cortos y son ampliamente utilizadas en actividades deportivas como salto, doma, polo, etc.